8 octubre, 2016 Tina B. Lopez

Los Ojos abandonados de Ambite

Tina B. Lopez

Tina B. Lopez

Licenciada en Ciencias de la Salud.
Grado criminología.
Especialista toxicología forense y delitos contra la salud pública. Estudio de criminal profiling. Estudio comportamiento delictivo y psicopatías.
Aficionada a la cultura y novela negra.
Detective privado.
Tina B. Lopez

Existe un pequeño pueblo madrileño con vistas al río Tajuña que entre los numerosos secretos que esconden sus calles hay uno que lo envuelve de misterio y nos ha llamado poderosamente la atención desde que supimos de su existencia… comprueba el motivo.

Nota aclaratoria: 
El presente artículo fue originalmente escrito en 2007 
por Nemesys para Mundo Parapsicológico.

Ambite es un pueblecito tradicional que no alberga en sus calles ningún edificio alto ni urbanización que ose romper el encanto de su entorno. Cuenta con una plaza pequeñita rectangular formada por la fachada de su antigua iglesia, un Ayuntamiento señorial y casitas blancas y encaladas.
Pero además de todo esto existe un lugar al que los convecinos han bautizado como El Arco de los Ojos.
Este peculiar emplazamiento está oculto entre los árboles y muy pocos conocen la existencia de este lugar casi mágico que fue construido por Federico Díaz Falcón, fallecido en el año 1982 y enterrado en Ambite.
La construcción en sí está formada por tres arcos consecutivos de medio punto siendo los arcos laterales más pequeños que el arco central.
Inicialmente estaba decorado con unos 250 azulejos, todos ellos hechos por el propio Federico Díaz Falcón (un escritor de Ambite y persona notable) y todos con un único motivo pictórico: Ojos de todas clases y colores, ojos solitarios intentando decirnos con el silencio de sus miradas el secreto de su existencia.
Los vecinos nos han relatado que Federico contó con la ayuda de un pintor extranjero para la elaboración de los azulejos aunque nadie ha sabido o no recuerda el nombre concreto.
El Arco de los Ojos fue terminado a finales de los años sesenta.
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Los ojos abandonados…

Estando en el silencioso páramo desde donde nos observan los Ojos de Federico no podemos dejar de sentir una sensación de inquietud y preguntarnos el porque de su construcción y el mensaje que nos quieren transmitir.
Y es que más allá del artista, los ojos casi han cobrado vida propia y nos hablan de viajes, de historias encontradas; quizá de ilusiones perdidas por el camino de la vida de Federico Díaz Falcón.
Muchos de los vecinos a los que preguntamos nos dicen que Federico era una persona muy reservada y atormentada por problemas familiares y pérdidas de seres queridos.
Los lugareños de Ambite evitan este lugar y lo consideran “encantado”.
Pero hay algunos que no opinan así ya que nos hemos encontrado muchos azulejos rotos, tirados por el suelo, arrancados e incluso algunos desparecidos que han deteriorado en gran manera el Arco solitario que descansa en su desnudo secarral…

La construcción

El Arco está hecho de ladrillo encalado y tiene unos tejadillos muy pequeños que apenas cubren de las lluvias a los azulejos. También cuenta con tres espadañas que quizás en algún momento albergaron tres campanas y cada arco tiene una puerta a cuyos lados hay dos hornacinas por cada arco. Los tristes cipreses acompañan al Arco de los Ojos en su solitaria existencia.

«Bienaventurados los que donan sus ojos, y los ciegos, porque ellos verán a Dios y el Universo». Este es el primer refrán que llama nuestra atención, es la bienvenida de los Ojos.

Examinando más de cerca encontramos un sinfín de máximas, frases sueltas, poesías, refranes, recuerdos de artistas, escritores, personajes notables y jeroglíficos extraños teniendo como denominador común todos ellos los Ojos en todas sus variedades.

Muchos de ellos están rotos a pedradas y no conseguimos descifrar su verdadero mensaje más allá del poderoso mensaje de la ignorancia de los autores del destrozo.

El propio sobrino de Federico dice de su tío que era un hombre visionario y adelantado para su época, razón por la cual fue tachado de loco por sus vecinos.

El padre de los ojos

Nacido a principios de siglo, Federico era un hombre bohemio y aficionado a los deportes, llegando incluso a ganar un campeonato de lanzamiento de barra castellana. Vivió la Guerra Civil e incluso conoció a Camilo José Cela, además de ser uno de los pioneros que llegó a viajar al Círculo Polar Ártico.
En los años 60 empieza a obsesionarse con los Ojos; según él quería hacer un homenaje a todas las personas que cuidan y se preocupan por los ojos.
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Junto con Ángel López (especializado en obras del pueblo) y Rafael García Bodas y gracias a fábricas de Talavera y Manises dio vida a sus particulares diseños de los Ojos.
El Arco estaba rodeado de un jardín con una empalizada de madera, aunque con los años que han pasado y el descuido ya no queda rastro.
Es aquí donde la historia se diluye en leyendas y recuerdos borrosos; dicen los vecinos que Federico se olvidó del Arco, que perdió la obsesión por los Ojos y se volvió loco por extrañas razones; otros dicen que el recuerdo y la influencia de aquello que le impulsó a dar vida a los Ojos no le abandonó nunca, pero no son más que leyendas… ¿Quién sabe cual es la verdad de los Ojos de Ambite?
Ojalá algún día alguien se haga eco de la existencia de este sitio tan especial y revele por fin el secreto de los Ojos y el motivo de inspiración de su autor.

“Bienvenidos a Ojoslandia/ Gracias por visitarnos/ Entre los árboles encontraréis/ una fuente de paz y esperanza”

Galería fotográfica de los ojos

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Los Ojos abandonados de Ambite

por Tina B. Lopez Tiempo de lectura: 4 min