30 julio, 2017 Tina B. Lopez

Psicópatas caníbales: Análisis del Caso Kurim

Tina B. Lopez

Licenciada en Ciencias de la Salud.
Grado criminología.
Especialista toxicología forense y delitos contra la salud pública. Estudio de criminal profiling. Estudio comportamiento delictivo y psicopatías.
Aficionada a la cultura y novela negra.
Detective privado.
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COMIENZAN LOS TRASTORNOS MENTALES

Uno de los macabros preceptos de la doctrina era la siguiente: librarse de las ataduras morales innecesarias como el canibalismo, asesinato, el incesto, las relaciones parafílicas, pedofilia, promiscuidad sexual…todos ellos considerados como tabúes sociales.

Había un líder, el cual era el que seguía según él los preceptos del autor fallecido que les daba órdenes comunicándose con los adeptos a través de mensajes de texto vía móvil. El líder se hace llamar “ el Doctor” todavía.

Según todo esto, los actos descritos responderían a actos libertarios para los adeptos y eso fue lo que Klara empezó a inculcar en las dos hermanas. Barbora aconsejó a Klara el deshacerse del cabello, uno de lo mandatos del “Doctor” así que se rapó la cabeza y las cejas dándose un aspecto raro y andrógino. Además de eso renunció al aseo personal. Iba por la vida como una mendiga, vestida con harapos, sucia y andrajosa y sin pelo; tal era la influencia de Barbora. Katerina ejercía su función de testigo adepto ya que no participaba en estos aspectos pero acataba todas las órdenes de Barbora y las aceptaba como válidas.

Barbora estaba muy enferma mentalmente y empezó a considerar a Klara como su madre adoptiva con los consiguientes celos hacia sus hijos. El plan de Barbara tenía dos inconvenientes: los hijos de Klara así que empezó a pensar en cómo podría deshacerse de ellos. Lo primero que hizo fue decirle a Klara y a su hermana que los niños estaban maleducados y que se portaban mal; había que castigarles porque no estaban siendo positivos para el desarrollo de su culto.

Le metió las ideas en la cabeza a Klara de que los niños eran un estorbo y que jamás debía de haberlos tenido. Los niños debían ser castigados y encerrados así que se le ocurrió la idea de mandar construir una jaula y ponerla en el sótano y así podrían castigarles dentro cuando se portasen mal.

A ninguna de las dos hermanas les pareció mal la idea; tal era su grado de locura y sumisión por la “huérfana”. Mandaron al herrero del pueblo construir una jaula grande en hierro forjado. A éste tampoco le sorprendió el pedido pero desconocemos si era un pueblo con afición a la caza o similar. Lo que en un principio iba a ser un castigo temporal, se convirtió en un encierro permanente que duraría más de un año. Los niños estaban desnudos en la jaula, expuestos a las inclemencias del frío y a sus propios deshechos. Mientras tanto arriba, las dos hermanas vivían en “paz” con su nueva compañera-hija e incluso recibían visitas, no sin antes amordazar y atar a los niños.

Casi no les alimentaban, más que con agua, desperdicios y pan y a veces incluso se les olvidaba. Los niños relataron posteriormente tras su liberación que a la casa acudían lo que denominaron como parientes y que algunos de ellos les apagaron cigarrillos en el cuerpo y que incluso se les sometió a intentos de ahogamiento con agua. Los “vistantes” bajaban a contemplarlos.

Un día a Barbora se le ocurre una nueva idea: van a alimentar bien a los niños, casi a cebarles para que engorden y luego se comerán partes de sus cuerpos ya que según ella poseían algún tipo de “propiedad”.

Las tres mujeres habían pasado a formar parte de una facción facción escindida del culto religios, liderada por Joseph Skria que fue expulsado del movimiento en 1996, quizás uno de sus secretísimos preceptos fuese el mandato de canibalismo de algo puro como es un niño.

Quizás una manera de expiar los supuestos pecados de Klara al haber engendrado a esos dos hijos era comérselos como hacen algunos animales. Así fue. Les hicieron engordar y un día bajaron las tres al sótano y obligaron a uno de ellos a sacar una pierna por los barrotes.

La madre y Barbora le seccionaron amplias partes musculares que repartieron entre las tres mujeres y se comieron en crudo delante de ellos e incluso mofándose. La hermana de Klara participaba en todo, incluso sujetó la pierna del niño en esta ocasión, de Ondrej.

, Psicópatas caníbales: Análisis del Caso Kurim, La Escena del CrimenClara con sus hijos y Barbora a la cual había adoptado legalmente.

El cautiverio fue un infierno: quemaduras con cigarrillos, chorros de agua helada para tratar de limpiar la suciedad, golpes, látigos e incluso descargas eléctricas. Dormían en el suelo sin nada más.

Los episodios de comer la carne de los niños se sucedían una vez al mes en ambos niños, que estaban aterrorizados y les devoraban partes de brazos y piernas. Parecía representar una especie de ritual. Barbora estaba intranquila y sintió la necesidad de controlar más a los niños así que compraron una cámara de vigilancia para bebés y la instalaron para grabar el interior de la jaula. La cámara era inalámbrica y moderna.

Sucedió el milagro. El vecino que tenía un bebé compró la misma cámara de vigilancia pero su sorpresa fue mayúscula al trasladar la imagen a su televisión creyendo que estaba viendo a su bebé: en la cámara aprecia lo que se apreciaba como un niño en una jaula, desnudo y llorando.

Pensó que se trataba de algún tipo de interferencia que le había hecho conectar por error con algún canal de televisión pero empezó a ser testigo de las torturas lo que le hizo contactar con la policía. El vecino tuvo la audacia de grabar en vídeo una de las sesiones mensuales de comer la carne de los niños y se la entregó a la policía.

Los agentes se personaron en el domicilio y entraron. Quedaron horrorizados al contemplar tal escenario de heces, orina, sangre por el suelo y las paredes. Uno de los chicos se desmayó y el otro estaba en shock. Las heridas eran horribles y algunas partes de sus cuerpos estaban aún cortados recientemente así como otras partes gangrenadas.

, Psicópatas caníbales: Análisis del Caso Kurim, La Escena del CrimenInterior de la jaula

Enfrente de la jaula con un oso de peluche había una niña. Les dijo que su nombre era Anika y que era la hija adoptiva de Klara. Se refugió llorando en uno de los agentes.

La llevaron fuera inmediatamente a una de las ambulancias pero la niña aprovechó para escapar mientras los agentes estaban intentando abrir la jaula: no era ninguna niña sino Barbora que con su aspecto patológicamente infantil les había engañado para escapar. Fue un escándalo  en el país.  Los niños pudieron testificar en el juicio contra su madre y su tía. Barbora estaba en busca y captura.

Klara y su hermana culparon en todo momento a Barbora.

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Klara Mauerova

Barbora mientras se celebraba el juicio estaba en Noruega donde adoptó la identidad de un adolescente varón llamado Adam, de 13 años. Después de eso llegó a un centro donde dijo ser una huérfana de 13 años que había sido abandonada. Había pasado a estar en un centro de adopción y allí una pareja le adoptó e incluso le matriculó en la escuela primaria.

 

, Psicópatas caníbales: Análisis del Caso Kurim, La Escena del CrimenBarbora haciéndose pasar por un niño

Pasó casi un año pero la policía finalmente dio con ella y la arrestó ante la atónita mirada de sus padres adoptivos. Cuando descubrieron la verdad y que en realidad tenía 36 años entraron en shock y tuvieron que ser asistidos por psicólogos forenses.

Fue extraditada a la República Checa donde fue juzgada junto con Klara y Katerina. Klara manifestó haber sido víctima de un lavado de cerebro y que no entiende cómo pudo cometer tales atrocidades. En marzo de 2009, el Tribunal Superior de Olomouc condenó a Klara Mauerová a 9 años de prisión y a su hermana Katerina a 10 años.

, Psicópatas caníbales: Análisis del Caso Kurim, La Escena del CrimenKaterina y Klara Mauerova

 

En la siguiente página comentamos todo lo relativo al juicio realizado.

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por Tina B. Lopez Tiempo de lectura: 27 min