Largas condenas vs. reinserción social

La pena privativa de libertad entendida como castigo tiene que servir como una oportunidad de cambio, por lo que es innecesario un castigo prolongado en el tiempo que aisle a la persona e impida su rehabilitación. En el ámbito criminológico se conocen todos los elementos negativos que conlleva para el preso un encarcelamiento prolongado, y la relación directa existente entre el tiempo de encarcelamiento y la capacidad de reinserción.

Aunque los programas individualizados de tratamiento puedan resultar eficaces, en el momento en el que un preso es internado en un centro penitenciario, debe de someterse y adaptarse a un entorno nuevo creándose una nueva identidad como consecuencia del aislamiento de su entorno social. Conforme más años pasa privado de libertad, más fácilmente se van perdiendo los antiguos valores y factores de protección encontrados en el entorno libre, y más se potencian los valores encontrados en prisión, siendo estos valores no siempre positivos. La ansiedad que puede aparecer en el preso al estar en una continua privación de libertad, la desconfianza ante todos los que le rodean, o la creación de mecanismos de defensa y auto conservación, son factores que en el caso de largas condenas se acaban generalizando y pueden convertirse en deseos de venganza hacia la autoridad y la sociedad y, en caso de ser puesto en libertad, esa ansiedad acumulada puede ser volcada en las personas más cercanas.

Todos estos factores, unidos a la desaparición de los factores más sociales (referidos a la sociedad real en libertad y no a la “sociedad” creada en intramuros), hacen que conforme más larga sea la pena, más difícil sea la reinserción, al potenciarse la posibilidad de desarrollar graves trastornos psicológicos, dificultades para relacionarse, además de encontrar el sujeto otras variables desfavorables independientes a sus esfuerzos y vinculados a la estigmatización por haber sido preso, como puede ser la dificultad para encontrar trabajo, la situación familiar deteriorada, el rechazo social, etc. Es por tanto fundamental centrarse en la posibilidad de que el preso tenga una esperanza real de libertad, ya que esto ayudará a que voluntariamente el preso participe en todos aquellos programas individualizados de tratamiento necesarios para una correcta reinserción social.

Teniendo en cuenta que estos individuos “especialmente peligrosos” son una minoría, en lugar de imponerles una condena perpetua, se debe de analizar si realmente no existe en España una capacidad para controlar (por libertad vigilada, por vigilancia policial, en establecimientos psiquiátricos, etc) a un número tan reducido de personas.

Se hace por tanto necesaria una reforma destinada a ofrecer un tratamiento alternativo a la privación de libertad en un periodo de plazo no demasiado extenso, y se hace necesario avanzar en estas opciones de control sobre las minorías en lugar de realizar reformas penales innecesarias.

Bajo opinión personal, NO se trata de eliminar la Prisión Permanente Revisable. Se trata de reformarla para mejorarla. Estas reformas necesarias seguirían siendo compatibles con la Prisión Permanente Revisable siempre y cuando los plazos para realizar la revisión no sean excesivos. Un preso que no sabe cual será su máximo de pena a cumplir, pero que por anticipado conoce que no será menor de 20 años, hace que dicha pena sea incompatible con la reinserción. El preso al conocer estas condiciones no tendrá motivación alguna para participar en los programas de tratamiento individualizados ni en general realizará esfuerzo alguno por mostrar un buen comportamiento al perder toda esperanza de una reinserción temprana. Es fundamental que el preso en todo momento tenga en mente la idea de la libertad en un plazo de tiempo no excesivamente largo, en caso contrario, es imposible hablar de reinserción.

Una reforma que mejore los sistemas de control de las libertades vigiladas, una mejora en la supervisión policial, y una asistencia y seguimiento psicológico para los delincuentes dentro y fuera de prisión ofrecerá una prevención y una posibilidad de rehabilitación mucho mayor que un internamiento indefinido y permitiría acortar los años de internamiento hasta la revisión.

Para aquellos monstruos / locos / desalmados que no merecen reinserción…

Queda claro que la reinserción es incompatible con las largas penas de prisión. Tan claro como que una importante cantidad de lectores de este artículo habrán repetido más de una vez que muchos de estos sujetos no pueden, no deben, o no merecen reinsertarse en la sociedad, ya que “son monstruos” o “están locos”. Analizando esto de una forma más profesional, debemos entender que existe la posibilidad de que el sujeto sufra un trastorno mental severo. En el caso de individuos que hayan cometido delitos especialmente graves hay que proceder con la máxima precaución y profesionalidad en la aplicación del artículo 60 del Código Penal:

“Cuando, después de pronunciada sentencia firme, se aprecie en el penado una situación duradera de trastorno mental grave que le impida conocer el sentido de la pena, el Juez de Vigilancia Penitenciaria suspenderá la ejecución de la pena privativa de libertad que se le hubiera impuesto, garantizando que reciba la asistencia médica precisa, para lo cual podrá decretar la imposición de una medida de seguridad privativa de libertad de las previstas en este Código que no podrá ser, en ningún caso, más gravosa que la pena sustituida. Si se tratase de una pena de distinta naturaleza, el Juez de Vigilancia Penitenciaria apreciará si la situación del penado le permite conocer el sentido de la pena y, en su caso, suspenderá la ejecución imponiendo las medidas de seguridad que estime necesarias”

Si se confirma que no existe trastorno mental en el sujeto, se debe de cumplir la pena de prisión en régimen de semilibertad o libertad condicional a partir de los 20 años de cumplimiento efectivo como máximo para garantizar la reinserción social. Previo al cambio de régimen se debe de estudiar la peligrosidad del sujeto, de modo que si presenta tras esos 20 años trastornos incompatibles con una correcta y segura reinserción social aun estando controlado, deberá de ser tratado o derivado del modo que corresponda con el objetivo de tratar este trastorno y no como medida privativa de libertad consecuente de un delito (por ejemplo, tratamiento en centro psiquiátrico).

Todo esto lleva a proponer modificaciones en la figura de la Prisión Permanente Revisable que no entran en este artículo ya que se trata de comprobar cómo se utiliza la Prisión Permanente Revisable como herramienta política. Y desde luego, siendo la Prisión Permanente Revisable una figura de privación de libertad extrema inicialmente creada para “casos puntuales” no puede ser modificado constantemente por los partidos políticos (sin contar con una evaluación criminológica) para añadir cada vez más posibles casos que puedan ser castigados de este modo como están haciendo desde 2015.

 


¿Quieres conocer otras reformas del Código Penal en 2015? Consulta este artículo: La Reforma del Código Penal Español en 2015 

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Criminólogo. Interesado en delincuencia social, especializándome en ciberseguridad y cibercrimen. Desarrollador (webmaster) de www.laescenadelcrimen.com ¡Sígueme por twitter y hablamos! @jsanz_ledc

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